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miércoles, 11 de mayo de 2016

UNIDAD 3: EL 17 DE OCTUBRE DE 1945

Seleccione una de las siguientes actividades.
A- Lea atentamente el relato y observe con detenimiento las siguientes imágenes. ¿Cuál consideras que se asemeja más al relato y las imágenes? ¿Por qué?


Relato testimonial de Sebastián Borro, un obrero que participó de la jornada aquel 17 de octubre, aparecido en La Opinión Cultural el 15 de octubre de 1972.
El 17 de octubre de 1945 me encuentra cumpliendo tareas en un establecimiento metalúrgico ubicado en Constitución, sobre las calles Luis Sáenz Peña y Pedro Echagüe. Yo tenía entonces 24 años de edad. Mi oficio era oficial tornero mecánico… En la mañana del 17 de octubre, aproximadamente a las 9, grupos de personas venían desde Avellaneda y Lanús avanzando hacia el centro de la ciudad. Pasaron por la calle Sáenz Peña, observaron que había un taller mecánico (donde trabajaban 130 personas) se acercaron a nosotros y nos dijeron: “Muchachos hay que parar el taller, hay que salir a la calle a rescatar a Perón”.
Las noticias que teníamos en ese momento eran que Perón estaba detenido y que todo lo que se hacía era para rescatarlo. Efectivamente, el taller paró y la gente salió a la calle. Algunos fueron a sus casas. Pero la gran mayoría siguió con los compañeros que venían del sur. Fuimos caminando hacia Plaza de Mayo y habremos llegado aproximadamente a las once y media, porque en el camino íbamos parando los diversos establecimientos de la industria metalúrgica y maderera que había por Constitución.
A esa hora no había tanta gente como la que hubo por la tarde, que cubrió toda la Plaza. En la marcha hacia allí se pintaban sobre los coches, con cal, leyendas como “Queremos a Perón”. También sobre los tranvías. La gente se paraba y reaccionaba a favor de la manifestación que iba a Plaza de Mayo para tratar de cumplir con la idea que tenían los que habían organizado eso. Perón había aplicado leyes nuevas y otras las había ampliado: pago doble por indemnización, preaviso, pago de las ausencias por enfermedad. Eran cosas que antes no se cumplían; hasta ese momento, donde yo trabajaba, no se cumplía ninguna de esas leyes. Le voy a decir más: creo que pocos días antes de su detención, Perón había conseguido un decreto por el que se debían pagar al trabajador los días festivos: 1º de mayo, 12 de octubre, 9 de julio, etcétera. Recuerdo que uno de los patrones nos dijo entonces: vayan a cobrarle a Perón el 12 de octubre (ya estaba detenido). Después del 17 de octubre cobramos ése y muchos días más.
La Opinión Cultural, 15 de octubre de 1972
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

B- Lea atentamente los siguientes textos. Identifique en cada uno de ellos los protagonistas del 17 de octubre de 1945, así como los objetivos que perseguían.

Texto 1: el periódico “La Vanguardia”, órgano de difusión del Partido Socialista, el 23 de octubre, analizó los acontecimientos ocurridos el 17 de octubre.

“Los obreros, tal como siempre se ha definido a nuestros hombres de trabajo, aquellos que desde hace años han sostenido y sostienen sus organizaciones gremiales y sus luchas contra el capital; los que sienten la dignidad de las funciones que cumplen y, a tono con ellas, en sus distintas ideologías, como ciudadanos trabajan por el mejoramiento de las condiciones sociales y políticas del país, no estaban allí. Esta es una verdad incuestionable y pública que no puede ser desmentida: si cesaron en su trabajo el día miércoles y jueves no fue por autodeterminación, sino por imposición de los núcleos anteriores, amparados y estimulados por la policía.”
La Vanguardia”, 23 de octubre de 1945.


Texto 2: “Historia Crítica de los Partidos Políticos”, del historiador argentino contemporáneo Rodolfo Puiggrós.

 “El proletariado que desencadenó la huelga general revolucionaria de los días 17 y 18 de octubre de 1945 actuó movido por dos imperativos, aparentemente antagónicos entre sí, provenientes de su propia naturaleza de clase, es decir que no le fueron impuestos por ninguna fuerza externa a él mismo: la espontaneidad y la autoconciencia. Su espontaneidad se reveló al no obedecer a ninguna orden de arriba –ni siquiera de Perón, que se había despedido de los obreros recomendándoles: ‘De casa al trabajo y del trabajo a casa’– y al obligar a los dirigentes de la CGT y de los sindicatos a plegarse al paro. Sin embargo, esa espontaneidad no era arbitraria, ni puramente instintiva, pues si la ofensiva oligárquico-imperialista provocó el estallido del ‘pathos’ proletario, también despertó en los huelguistas la autoconciencia de que ellos, y solamente ellos, podían evitar la pérdida de sus conquistas. De ahí que vivieran una jornada desenajenante, en la cual la gravedad de la lucha aparecía cubierta por el desborde dionisíaco de las pasiones reprimidas.”

Puiggrós, Rodolfo. “Historia Crítica de los Partidos Políticos Argentinos (III)”. Buenos Aires, Hyspamérica, 1986.


Texto 3: “El huracán de la historia”, del libro “El 45” escrito por el historiador argentino contemporáneo Félix Luna.

“Empezaba la mañana cuando comenzaron a llegar rotundos, desafiantes, caminando o en vehículos que habían tomado alegremente por asalto y cuyos costados repetían hasta el hartazgo el nombre de Perón en tiza, cal y carbón. A medida que avanzaban, las cortinas de los negocios bajaban abruptamente con tableteo de ametralladoras. Venían de las zonas industriales aledañas a Buenos Aires. Nadie los conducía, todos eran capitanes.”
Luna, Félix. “El 45. Crónica de un año decisivo”. Buenos Aires. Sudamericana, 1999.



unidad 3: peronismo

1- Escuche y siga con la lectura el siguiente cuento de Osvaldo Soriano: "Aquel peronismo de juguete"


Aquel peronismo de juguete.
Cuando yo era chico Perón era nuestro Rey Mago: el 6 de enero bastaba con ir al correo para que nos dieran un oso de felpa, una pelota o una muñeca para las chicas. Para mi padre eso era una vergüenza: hacer la cola delante de una ventanilla que decía “Perón cumple, Evita dignifica”, era confesarse pobre y peronista. Y mi padre, que era empleado público y no tenía la tozudez de Bartleby el escribiente, odiaba a Perón y a su régimen como se aborrecen las peras en compota o ciertos pecados tardíos.
Estar en la fila agitaba el corazón: ¿quedaría todavía una pelota de fútbol cuando llegáramos a la ventanilla? ¿O tendríamos que contentarnos con un camión de lata, acaso con la miniatura del coche de Fangio? Mirábamos con envidia a los chicos que se iban con una caja de los soldaditos de plomo del general San Martín: ¿se llevaban eso porque ya no había otra cosa, o porque les gustaba jugar a la guerra? Yo rogaba por una pelota, de aquellas de tiento, que tenían cualquier forma menos redonda.

En aquella tarde de 1950 no pude tenerla. Creo que me dieron una lancha a alcohol que yo ponía a navegar en un hueco lleno de agua, abajo de un limonero. Tenía que hacer olas con las manos para que avanzara. La caldera funcionó sólo un par de veces pero todavía me queda la nostalgia de aquel chuf, chuf, chuf, que parecía un ruido de verdad, mientras yo soñaba con islas perdidas y amigos y novias de diecisiete años. Recuerdo que ésa era la edad que entonces tenían para mí las personas grandes.
Rara vez la lancha llegaba hasta la otra orilla. Tenía que robarle la caja de fósforos a mi madre para prender una y otra vez el alcohol y Juana y yo, que íbamos a bordo, enfrentábamos tiburones, alimañas y piratas emboscados en el Amazonas pero mi lancha peronista era como esos petardos de Año Nuevo que se quemaban sin explotar.
El General nos envolvía con su voz de mago lejano. Yo vivía a mil kilómetros de Buenos Aires y la radio de onda corta traía su tono ronco y un poco melancólico. Evita, en cambio, tenía un encanto de madre severa, con ese pelo rubio atado a la nuca que le disimulaba la belleza de los treinta años.
Mi padre desataba su santa cólera de contrera y mi madre cerraba puertas y ventanas para que los vecinos no escucharan. Tenía miedo de que perdiera el trabajó. Sospecho que mi padre, como casi todos los funcionarios, se había rebajado a aceptar un carné del Partido para hacer carrera en Obras Sanitarias. Para llegar a jefe de distrito en un lugar perdido de la Patagonia, donde exhortaba al patriotismo a los obreros peronistas que instalaban la red de agua corriente.
Creo que todo, entonces, tenía un sentido fundador. Aquel “sobrestante” que era mi padre tenía un solo traje y dos o tres corbatas, aunque siempre andaba impecable. Su mayor ambición era tener un poco de queso para el postre. Cuando cumplió cuarenta años, en los tiempos de Perón, le dieron un crédito para que se hiciera una casa en San Luis. Luego, a la caída del General, la perdió, pero seguía siendo un antiperonista furioso.
Después del almuerzo pelaba una manzana, mientras oía las protestas de mi madre porque el sueldo no alcanzaba. De pronto golpeaba el puño sobre la mesa y gritaba: “¡No me voy a morir sin verlo caer!”. Es un recuerdo muy intenso que tengo, uno de los más fuertes de mi infancia: mi padre pudo cumplir su sueño en los lluviosos días de septiembre de 1955, pero Perón se iba a vengar de sus enemigos y también de mi viejo que se murió en 1974, con el general de nuevo en el gobierno.
En el verano del 53, o del 54, se me ocurrió escribirle. Evita ya había muerto y yo había llevado el luto. No recuerdo bien: fueron unas pocas líneas y él debía recibir tantas cartas que enseguida me olvidé del asunto. Hasta que un día un camión del correo se detuvo frente a mi casa y de la caja bajaron un paquete enorme con una esquela breve: “Acá te mando las camisetas. Pórtense bien y acuérdense de Evita que nos guía desde el cielo”. Y firmaba Perón, de puño y letra. En el paquete había diez camisetas blancas con cuello rojo y una amarilla para el arquero. La pelota era de tiento, flamante, como las que tenían los jugadores en las fotos de El Gráfico.
El General llegaba lejos, más allá de los ríos y los desiertos. Los chicos lo sentíamos poderoso y amigo. “En la Argentina de Evita y de Perón los únicos privilegiados son los niños”, decían los carteles que colgaban en las paredes de la escuela. ¿Cómo imaginar, entonces, que eso era puro populismo demagógico?
Cuando Perón cayó, yo tenía doce años. A los trece empecé a trabajar como aprendiz en uno de esos lugares de Río Negro donde envuelven las manzanas para la exportación. Choice se llamaban las que iban al extranjero; standard las que quedaban en el país. Yo les ponía el sello a los cajones. Ya no me ocupaba de Perón: su nombre y el de Evita estaban prohibidos. Los diarios llamaban “tirano prófugo” al General. En los barrios pobres las viejas levantaban la vista al cielo porque esperaban un famoso avión negro que lo traería de regreso.
Ese verano conocí mis primeros anarcos y rojos que discutían con los peronistas una huelga larga. En marzo abandonamos el trabajo. Cortamos la ruta, fuimos en caravana hasta la plaza y muchos gritaban “Viva Perón, carajo”. Entonces cargaron los cosacos y recibí mi primera paliza política. Yo ya había cambiado a Perón por otra causa, pero los garrotazos los recibía por peronista. Por la lancha a alcohol que casi nunca anduvo. Por las camisetas de fútbol y la carta aquella que mi madre extravió para siempre cuando llegó la Libertadora.
No volví a creer en Perón, pero entiendo muy bien por qué otros necesitan hacerlo. Aunque el país sea distinto, y la felicidad esté tan lejana como el recuerdo de mi infancia al pie del limonero, en el patio de mi casa.
En Cuentos de los Años Felices,
Editorial Sudamericana,1993.

2- Identifique fechas y hechos que se suceden en el relato.
3- ¿Cómo califica el autor a la política social del primer peronismo? ¿Por qué?
4- ¿Qué presencia tuvo Perón en la política argentina luego de 1955?

lunes, 14 de marzo de 2016

La revolución china y la Guerra de Corea



1)    ¿Qué similitudes y diferencias históricas puede establecer entre Alemania y Corea al finalizar la Segunda Guerra Mundial?
 2)   Explique la metodología que utilizó Mao en las diversas etapas de la revolución china
3)   ¿Qué clase social fue la protagonista de la revolución china? ¿Por qué?
4)     ¿Cómo se organizó la economía en luego de la Revolución China?
5)  Elabore dos textos vinculados a los temas de este trabajo utilizando las referencias de los mapas que se presentan a continuación.

ESTUDIAR LOS TEMAS CON ESTOS MAPAS (se recomienda imprimir y pegar en la carpeta).
La Revolución China

La invasión japonesa en china durante la Segunda Guerra Mundial.

 La Guerra de Corea

Unidad 1: Mundo de posguerra.


   La Guerra fría
  1.  ¿Cuál es la situación de Alemania luego de la Segunda Guerra Mundial?
  2.    Realice el punto 10 a y b de la p. 21.
  3.   Elabore una línea de tiempo con las fases de la Guerra Fría y los principales acontecimientos de cada fase. (se valorará la claridad, el respeto de las escala y la jerarquización de los procesos históricos)
  4. Teniendo en cuenta lo estudiado analizar una de las siguientes caricaturas de Herblock publicadas en el Washington Post entre 1949 y 1954. Para ello es necesario descomponer la fuente: observar las acciones realizadas, los mensajes escritos, los protagonistas, la expresión de sus rostros, la intención del autor de las mismas. Realizar un breve texto con tus conclusiones.
  5. Luego lee la carta de  Lillian Hellman del 19 de mayo de 1952  al Presidente del Comité de la Cámara de Representantes sobre Acti­vidades Anti-Norteamericanas.(la misma aparece luego de las caricaturas) ¿Qué situación se describe en la misma? ¿Con qué caricatura la asociarías? ¿Por qué?




“19 de mayo de 1952
Honorable John S. Wood
Presidente del Comité de la Cámara de Representantes sobre Acti­vidades Anti-Norteamericanas
Despacho 226, Old House Office Building
Washington, D. C.
Estimado señor Wood: 
                               He sido citada para comparecer ante su Comité el 21 de mayo de 1952, como a usted ya se le habrá informado.
Estoy a su completa disposición para responder cualquier pregunta sobre mí misma. No tengo nada que ocultar; no hay nada en mi vida de lo que deba abochornarme. He sido advertida por mi abogado que, de acogerme a la Quinta Enmienda, mi prívi­legio constitucional me permitiría negarme a contestar preguntas sobre mis opiniones políticas, sobre mis actividades y mis relaciones personales, por razones de auto-acusación. No me interesa acogerme a este privilegio. Estoy dispuesta a contestar ante los representantes de nuestro gobierno todas las preguntas que deseen plantearme sobre mis opinio­nes y actividades personales, haciendo caso omiso de los riesgos y las consecuencias en que pueda incurrir al hacerlo.
Mi abogado me informa, no obstante, que de so­meterme a un interrogatorio sobre mi propia vida, también deberé contestar preguntas sobre las vidas de otras personas y que, de negarme a hacerlo, podría ser acusada de desacato. Mi abogado me informa que si contesto las preguntas sobre mí misma habré abandonado los derechos que me depara la Quinta Enmienda y que puedo ser legalmente obligada a responder preguntas sobre otras personas. Esto resulta difícil de comprender para una ciuda­dana común como yo. Sin embargo, hay un prin­cipio que sí entiendo claramente: ni ahora ni nun­ca me prestaré a causar problemas a personas que, cuando se relacionaron conmigo en el pasado, eran completamente inocentes de toda expresión o acto desleal o subversivo. La deslealtad y la subversión me repugnan en cualquier forma, y de haber pre­senciado actos de esta naturaleza, hubiese considerado mi deber informar inmediatamente a las autoridades correspondientes. Pero hacerle daño a gente inocente que conocí hace muchos años para salvarme yo misma es, en mi opinión, un acto inhumano, indecente y deshonroso. No he de recortar mi conciencia para estar a la moda de este año, a pesar de que hace ya tiempo decidí que mi personalidad no se adecuaba a la política, prefiriendo por ello no pertenecer a ningún grupo o partido.
Me educaron según la antigua tradición norte­americana, y me inculcaron desde pequeña ciertos principios caseros que ahora quizá parezcan anticuados: tratar siempre de decir la verdad, no rendir falso testimonio, no hacer daño a mi prójimo, ser leal a mi patria, y cosas por el estilo. En la mayoría de los casos, respeté siempre estos principios de honor cristiano, y traté de regir mi vida por ellos, en todo lo que pude. Estoy segura de que ustedes aprobarán estas normas básicas de decencia humana, y que no esperarán que viole las vene­rables tradiciones norteamericanas que les dieron origen. Desearía, en suma, comparecer frente a us­tedes para hablar de mí misma.
Estoy dispuesta a prescindir del privilegio que me protege de la auto-acusación, para relatarles todo lo que deseen saber sobre mis opiniones y acciones, con tal de que su Comité se abstenga de obligarme a mencionar otras personas por sus nombres. Si el Comité no puede acceder a mi petición, me veré obligada a acogerme a la Quinta Enmienda de nuestra Constitución durante el curso de la vista.
Agradecería una respuesta a esta carta.
                                                                Sinceramente suya;
                                                                                               Lillian Hellman.”

"La petición que hice en mi cartá del 19 de mayo del 52 fue rechazada por el Comité, en otra que llegó a mis ma­nos el 20 de mayo. No me quedó más remedio que hacer lo que no quería: acogerme a la Quinta Enmienda. La Quinta es una de las cláusulas más sabias de nuestra Constitución: nos protege de la auto-acusación." 
                                                Lillian Hellman en "Tiempo de canallas."

6. ¿Cuáles fueron los procesos principales que marcaron la etapa llamada “coexistencia pacífica”? ¿Podemos decir que existió una coexistencia pacífica entre ambos bloques? Justifique su respuesta. 

7. Analice el fragmento del “superagente 86”. Podes buscar información de la serie en la página 67 del manual y en Internet. Tener en cuenta escenas, diálogos, etapas de la guerra fría, enemigos de Estados Unidos, metodología de la guerra fría. (mínimo una carilla).

      

Datos importantes para tener en la carpeta.
Fin de la Segunda Guerra Mundial. 
  • Los aliados no pueden continuar esa unidad que habían tenido frente al peligro nazi.
  • Los comienzos de la guerra fría se pueden rastrear en el asunto iraní y griego y fundamentalmente la creación de la República federal alemana y la república democrática alemana. (división que dura hasta 1991)- ver mapa p. 11
  • Se desarrolla la Guerra Fría y con ella un mundo bipolar: Dentro de cada bloque la disidencia podía ser interpretada como infiltración del enemigo (Macartismo- represión a revueltas de Polonia, Hungría y Checoslovaquia).
  • La industria armamentística fue el soporte de ambas economías- carrera espacial y avances en la exploración de la materia física nuclear.
  • Era una especie de equilibrio de terror.

GUERRA FRIA 
 Bloque capitalista
Estados Unidos y Europa Occidental. Sistema capitalista.  
 Estados Unidos ve a Francia e Inglaterra débil ante el comunismo en el proceso de posguerra.  
Se busca contener la posible expansión del comunismo (ver kennan y la política de contención. Doctrina Truman). 
Para garantizar la seguridad se crea la CIA. Integración económica y comercial por el Plan Marshall (establecer las economías de Europa Occidental frente al avance comunista) y la OTAN (Alianza del Atlántico Norte -1949- defensa colectiva de los países firmantes).  
EE.UU promueve otras alianzas en diferentes partes del mundo. Las mismas les permitían establecer bases militares, controlar el tráfico marítimo a cambio se ofrecía asistencia económica y técnica. Ejemplo Pacto de Río de Janeiro (1947) Relacionar con política del peronismo (unidad 3) 
   Bloque Comunista
URSS y Europa Oriental. Sistema Comunista.
Hay dos elementos centrales para su organización: COMECON o CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica) -1949- coordinaba la planificación económica y la asistencia técnica.
Pacto de Varsovia: -1955- fue una alianza militar del bloque comunista. La seguridad se garantizaba por medio de la actividad de espías por medio de la KGB. Su objetivo era limitar las acciones antisoviéticas.







Unidad 1 : Los orígenes del Plan Marshall


1) ¿Qué pasaba en Europa en 1947? ¿Qué posibilidades tenía el comunismo? ¿Qué hizo EE.UU?
2) ¿Qué visión tiene el fragmento del documental?